Qué revisar en un coche recuperado por el banco

Comprar un coche recuperado por el banco puede parecer una oportunidad interesante, pero requiere análisis meticuloso. Antes de pujar o firmar, conviene comprender cómo se venden estos vehículos, qué documentación los respalda y qué aspectos técnicos, legales y logísticos influyen en su valor real y en los riesgos asociados.

Qué revisar en un coche recuperado por el banco

Los coches recuperados por bancos provienen principalmente de situaciones de impago en contratos de financiación o leasing. Cuando un cliente no puede continuar con los pagos acordados, la entidad financiera procede legalmente a recuperar el vehículo como garantía del préstamo incumplido. Posteriormente, estos automóviles se incorporan al inventario de la entidad para su posterior comercialización, generalmente a través de subastas, plataformas especializadas o concesionarios asociados.

Este proceso implica que los vehículos pueden presentar historiales variados: algunos apenas tienen uso y están en excelente estado, mientras otros pueden requerir mantenimiento o reparaciones. La transparencia en la información disponible varía según la entidad y el canal de venta, por lo que resulta imprescindible realizar una evaluación exhaustiva antes de comprometerse con la compra.

¿Cómo funcionan los autos propiedad del banco?

Cuando una entidad bancaria recupera un vehículo, este pasa a formar parte de sus activos no productivos. El objetivo principal es recuperar parte del capital prestado mediante la venta rápida del automóvil. Las entidades suelen trabajar con empresas especializadas en gestión de activos o directamente con plataformas de venta online y concesionarios.

El proceso generalmente incluye una valoración inicial del estado del vehículo, aunque esta inspección puede ser básica y no siempre detecta problemas mecánicos ocultos. Los bancos establecen un precio de salida basado en el valor de mercado, pero con descuentos que pueden oscilar entre el 10% y el 30% respecto a vehículos similares en el mercado convencional. Es importante destacar que estos precios son estimaciones y pueden variar según el modelo, antigüedad, kilometraje y condición general del automóvil.

La documentación del vehículo debe estar en regla, incluyendo la transferencia de titularidad, que el banco gestiona como vendedor legítimo tras la recuperación legal. Sin embargo, el comprador debe verificar personalmente que no existan cargas pendientes, multas sin pagar o problemas administrativos que puedan complicar la matriculación.

Proceso de venta y puntos clave

La comercialización de estos vehículos sigue varios canales. Algunos bancos organizan subastas presenciales u online donde los interesados pujan por los coches disponibles. Otros optan por plataformas digitales especializadas que muestran el inventario completo con fotografías y fichas técnicas básicas. También existen acuerdos con concesionarios multimarca que actúan como intermediarios.

Antes de participar en cualquier proceso de compra, es fundamental solicitar el historial completo del vehículo. Esto incluye el libro de mantenimiento, informes de la ITV, historial de reparaciones y cualquier documentación que acredite el cuidado previo. La ausencia de estos documentos puede ser una señal de alerta sobre el estado real del automóvil.

La inspección física resulta imprescindible. Aunque el banco puede ofrecer garantías limitadas, estas suelen ser mínimas comparadas con las de un concesionario oficial. Contratar los servicios de un mecánico independiente para realizar una revisión técnica completa puede prevenir gastos inesperados posteriores. Esta inversión inicial, que puede rondar entre 50 y 150 euros, puede ahorrar miles en reparaciones futuras.

Qué saber antes de evaluar opciones de autos de bancos

La evaluación previa requiere considerar varios aspectos críticos. Primero, verificar la procedencia exacta del vehículo: si proviene de un particular, empresa de renting o flota comercial. Los coches de renting suelen tener mantenimientos más rigurosos, mientras que los de uso particular presentan historiales más variables.

El kilometraje debe cotejarse con la edad del vehículo para detectar posibles manipulaciones. Un coche de tres años con apenas 20.000 kilómetros puede parecer una ganga, pero también podría indicar largos periodos sin uso, lo que afecta negativamente a componentes mecánicos y eléctricos.

Los elementos a revisar minuciosamente incluyen el estado del motor (fugas, ruidos anormales, consumo de aceite), la transmisión (cambios suaves, ausencia de vibraciones), el sistema de frenos (desgaste de discos y pastillas), la suspensión (amortiguadores, rótulas, silenblocks) y el sistema eléctrico (funcionamiento de luces, climatización, sistemas de asistencia).

La carrocería también merece atención: golpes, óxido, desalineaciones en paneles o diferencias de color pueden indicar accidentes previos no declarados. Una prueba de conducción en diferentes condiciones (ciudad, carretera, arranques en frío) revela problemas que no se detectan en inspección estática.


Aspecto Verificación necesaria Coste estimado de revisión
Inspección mecánica completa Mecánico independiente 80-150 euros
Informe de historial del vehículo Plataformas especializadas 20-40 euros
Comprobación de cargas y multas DGT o gestoría 15-30 euros
Tasación de mercado Perito o plataforma online 50-100 euros

Los precios, tarifas o estimaciones de costes mencionados en este artículo se basan en la información más reciente disponible, pero pueden cambiar con el tiempo. Se recomienda realizar una investigación independiente antes de tomar decisiones financieras.


Finalmente, es recomendable comparar el precio ofrecido con vehículos similares en el mercado convencional. Aunque los coches de banco suelen ser más económicos, la diferencia debe justificar los riesgos adicionales y posibles gastos de puesta a punto. Negociar es posible, especialmente si se detectan defectos durante la inspección o si el vehículo lleva tiempo en el inventario de la entidad.

Adquirir un coche recuperado por el banco puede ser una decisión acertada si se realiza con la debida diligencia. La clave está en no dejarse llevar únicamente por el precio atractivo, sino en invertir tiempo y recursos en una evaluación completa que garantice que la compra cumple con las expectativas y necesidades reales del comprador.